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El diseño y la historia le pertenecen a Juliette Depardieu. Cualquier copia sin autorización será reportada a ForoActivo. Le agradecemos a Grinch7 de DeviantArt por las imágenes. También a SourceCode y a A Thousand Fireflies.

Licencia de Creative Commons
Runaway Train by Juliette Depardieu is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License

Madina J. Witwicky

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Madina J. Witwicky

Mensaje por Madina J. Witwicky el Jue Ene 31, 2013 3:32 pm



Madina J. Witwicky




Datos principales:


  • Nombre Completo: Madina Jamia Witwicky
  • Edad: 18 años
  • Nacionalidad: Estadounidense
  • Grupo: Can you help me remember how to smile?
  • Orientación sexual: Pansexual


Personalidad


"Angels with silver wings
Shouldn't know suffering"


¿Qué pasa cuando se pierde la motivación para vivir? ¿Cuando no hay nada por qué luchar? ¿Cuando todo lo que quieres es desaparecer? Madina es el claro reflejo de lo que sucede cuando a una buena persona le pasan cosas malas. Su dulce corazón fue destrozado por su pasado, su llama fue extinta por la maldad a la que la sometieron. Madina es una niña de inocencia perdida, arrancada a la fuerza. Ingenua, temerosa y encerrada en su propio mundo. Madina, aquella cuya bondad jamás desapareció, pero sí sus deseos de hacer el bien. Madina está cansada, ya no tiene fuerzas para continuar. Y, sin embargo, la obligan a seguir caminando, cargando su dolor al hombro.

Nadie nunca llegó a conocerla demasiado, porque nadie jamás se interesó por esta chica. Es de las que prefieren pasar desapercibidas, camuflarse con las paredes. Una muchacha callada, tímida, de las que se ruborizan cuando alguien le dirige la palabra. Se caracteriza por ser una chica tranquila, serena. Claro, siempre y cuando no se fijen en las infinitas cicatrices en sus brazos. Madina vive en su cabeza, en su mundo inventado como mecanismo de defensa, en donde nadie puede lastimarla. Le tiene miedo a las personas y con toda razón. Su corazón es más grande que una casa, es una muchacha buena en esencia y eso es algo que jamás le pudieron arrebatar. No importa cuánto la torturen, ella siempre tendrá una sonrisa renovada para cualquier persona nueva que se acerque a ella. Esto no es algo positivo, sin embargo, ya que solo significa que no es capaz de afrontar sus problemas. Ella sigue adelante y guarda todo lo que le hace mal en un rincón en su cabeza, pero eso se va acumulando provocando que ella finalmente explote como una bomba autodestructiva. No le gusta desquitarse con los demás, suele echarse la culpa de las cosas que le han pasado. Tiene una especie de síndrome de estocolmo con las personas que le hicieron daño, pero ella también tiene un límite. No es fácil llegar a él, pero existe el punto en el que Madina se transforma en una persona vengativa, llevando sus venganzas a extremos. No es violenta, no sabe defenderse y eso siempre le jugó en contra. Es una muchacha que aprendió a sufrir en silencio para no meterse en más problemas, aunque no le funcionó bien. Las personas se aprovechan de ella porque es fácil, porque Madina no gritará ni pedirá ayuda, porque ella se tragará todo su dolor y dejará que los demás la traten como a una muñeca de trapo. Ella no tiene los deseos ni la energía para cambiar, simplemente deja que las cosas pasen a su alrededor mientras ella se refugia en su cabeza.

"And who knows of her thoughts and her dreams,
And ideas she's got and contains inside,
She's so broken apart
And her heart is still looking for some way to feel alright"


Madina nunca tuvo un verdadero amigo, no porque no quisiera, sino porque no la querían a ella. Aquellas personas se perdieron a una gran amiga. Ella sabe que si en algún momento alguien logra acercarse a ella, ella será alguien ejemplar, para asegurarse de que nadie se quiera ir de su lado. Tiene un gran sentido del humor y sabe ser increíblemente tierna y cariñosa, pero nadie ha podido apreciar estas cualidades. Es una muchacha fiel e incondicional como un perro, no le gusta fallarle a las personas y tiene una necesidad innata de satisfacer a los demás. Le gustaría ser más protectora, pero apenas puede protegerse a sí misma. Madina sabe ser una chica adorable, con una inocencia infantil que la caracteriza. En el plano amoroso tiene cero experiencia. Nunca tuvo un novio y no recuerda haberle interesado a alguien de esa manera, tan sólo a los chicos que la violaban en el baño de su secundaria como pasatiempo. A causa de esto ella le tiene pavor al contacto físico, basta con que alguien apoye una mano en su hombro para que ella se eche a temblar, como acto reflejo. Pero, ¿quién puede culparla? Después de cómo fue tratada, es lógico que se comporte así. Quiere superar ese trauma, pero no sabe cómo, tan sólo sabe que detesta ese violento temblor que la ataca cada vez que siente la piel de alguien más contra la suya. Le gustaría conocer el amor pero, vamos, ¿quién podría enamorarse de ella? Es mercancía dañada, ¿cómo alguien va a quererla si ni siquiera se quiere a sí misma? Tiene graves problemas de autoestima, no es misterio para nadie, le desagrada mirarse al espejo, ni siquiera le gusta escuchar el sonido de su propia voz. Hay una parte de ella que, hasta el día de hoy, la culpa de todo lo que le sucedió. Hay una parte de ella que está convencida de que ella es la raíz de todos sus problemas.

Es una muchacha con grandes problemas para expresar sus sentimientos y pensamientos. Le tiene un enorme miedo al rechazo, a pesar de que está más que acostumbrada a él. De pequeña, su madre le aseguró que no tendría que haber nacido. De grande, ella sigue creyéndolo. Al final del día, Madina sólo busca ser aceptada, saber que existe alguien que pueda tenerle un mínimo de cariño. Si no la dejan morir en paz, quiere que al menos le den una razón para seguir viviendo.

"I'm not listening to you
I am wandering right through existance
With no purpose and no drive
'Cause in the end we're all alive"


Madina está rota por dentro y no cree que exista doctor o persona que pueda arreglarla. Tampoco entiende por qué alguien querría arreglarla, después de todo, está claro que ella no es precisamente bienvenida en este mundo. Se siente fuera de lugar, como si fuera un alien. Su único amigo es su chancho de peluche, al cual lo considera su confidente, otra razón para que las personas crean que está loca. Muchas veces se siente como una víctima, otras veces siente que se lo buscó, lo que jamás entenderá es por qué a ella. No es una mala persona, ¿por qué tiene que cargar con tanto dolor? Ella sólo quiere ser libre, libre de todos y todo a su alrededor. Madina quiere que la tierra la trague. Está segura de que nadie la va a extrañar.

"To all of you who've wronged me
I am a zombie
Again you want me to fall on my head
I am a zombie
How low will you push me
To go before I lay down dead?"





Historia

La historia de Madina es triste y dolorosa. Ella aún tiembla al pensar en su pasado. Nacida en la peor zona de Brooklyn, New York. Hija de un guitarrista de una banda de punk rock y una drogadicta, ellos tenían una historia parecida a la de Sid y Nancy, pero sin el amor. Al menos, no por parte de ella. Su padre fue devoto a su hija desde un principio, la luz de sus ojos, la personita que llegó a alegrar sus días. Su madre, sin embargo, la veía como una basura que se había gestado en su útero tan sólo porque no le dio el tiempo para hacerse un aborto. Para la mala suerte de Madina, su padre no se daba cuenta de esto, y solía dejarlas solas seguido cuando él se iba de tour por el país. Desde pequeña, Madina fue maltratada y golpeada por su madre, quien se encargaba día a día de hacerle saber que no era bienvenida en este mundo. Su madre fue la primera de muchos que creyeron eso.

De niña, Madina se vio obligada a ver cómo los mil y un amantes de su madre pasaban por su cama mientras su padre estaba tocando para poder ganar algo para comer. Su madre se acostaba con tipos peligrosos, por lo que en su hogar siempre habían una o dos armas y drogas a montón, las cuales su madre consumía sin siquiera salir del campo visual de su hija. Incluso sus amantes la trataban mejor que ella. Cuando su padre volvía a casa y veía los golpes que tenía Madina, su madre se justificaba diciendo que la niña era torpe y se caía seguido. Y su padre ingenuamente le creía. Cuando él estaba cerca, la vida no era tan difícil. Él la cuidaba, la mimaba, le hacía todo tipo de regalos, pero hubo uno en especial que ella adoró. Un pequeño chanchito de peluche rosa, al cual nombró Gerard. El peluche se transformó en su juguete preferido, en su mejor amigo. Madina era una niña tímida y callada, acomplejada desde su nacimiento, obligada a odiarse a sí misma, por lo que con lo único que se comunicaba era con aquel chanchito. Comenzó a llevarlo a todos lados, pero se transformó en un problema cuando comenzó la escuela. Entre los golpes que ella presentaba, el hecho de que apenas hablaba y que estaba todo el día con un peluche en brazos la transformó en el blanco de todas las bromas. Los niños pueden llegar a ser muy crueles y Madina lo comprobó a temprana edad. La golpeaban en casa, la golpeaban en la escuela. Se burlaban de ella y ella simplemente no sabía defenderse, por lo que soportaba todo con la boca cerrada. Mientras pudiera llegar a casa con su padre, todo estaría bien. Pero eso también se acabó.

Era una noche lluviosa. Su padre estaba dando un concierto, por lo que su madre había aprovechado para llamar a uno de sus amantes preferidos, un traficante de armas. Madina se había encerrado en su habitación y había colocado un CD de la banda preferida de su padre, Sex Pistols, para no tener que escuchar los gritos y gemidos de su madre. Pero el concierto de su padre se había cancelado, por lo que llegó a la casa temprano. Allí encontró a su esposa con el otro hombre, y estalló en rabia. Madina espió por la puerta, no quería acercarse a la escena. Se escucharon gritos por toda la casa, se tiraron cosas, volaron golpes y finalmente la pelea se remató con un sonido de un disparo. El amante de su madre le había disparado directo en la cabeza a su padre, matándolo en el acto. Lo que le quedaba de felicidad había sido arrebatado, ya no tenía nada, nadie que la quisiera. Esa fue la primera vez que se cortó, con tan sólo nueve años. Ella creyó que las cosas no podían empeorar, pero estaba equivocada.

Sus compañeros aún se burlaban de ella, ahora por tener unos kilos demás. Eso fue el disparador para que desde la infancia Madina aprendiera a cerrar la boca y se decidiera a no volver a comer. Pensó que si perdía peso dejarían de reírse de ella, pero lo único que logró con esto fue caer en un trastorno alimenticio a la corta edad de once años. La pequeña iba en picada y no había nadie para atraparla. El tormento continuó cuando comenzó la secundaria, sólo que esta vez la tortura también era física. Ella había aprendido a lidiar con las burlas, a aferrarse a su chanchito y encerrarse en su mundo, pero ella no estaba preparada para lo que le esperaba al pasar una mañana por la puerta del baño de hombres. La tomaron entre tres y la arrastraron al interior. La violaron sin piedad, entre risas, disfrutando de verla rogar para que pararan. No pararon ese día, ni esa semana, ni ese mes. Se volvió el hobbie de los chicos del equipo de fútbol, los chicos populares que podían conseguir a cualquier chica la querían a ella, la querían sufriendo mientras ellos se divertían entre sus piernas. Aprendió a desconectarse del mundo en esos momentos, a viajar a otra realidad, a distraerse mientras ellos buscaban satisfacción a través de la violencia. Y Madina jamás pidió ayuda. Sabía que nadie la iba a escuchar, porque nunca nadie lo había hecho. Sabía que la tratarían de loca y que sería una nueva razón para burlarse de ella, por lo que simplemente cerraba el pico y aceptaba su tortura en silencio. Acumulaba la tristeza, la rabia, la furia en su interior, sin saber que en algún momento iba a explotar.

La situación en casa tampoco había mejorado. Lo único que evitaba que se volviese loca era su amado chanchito y la vieja guitarra de su padre, la cual había aprendido a tocar ella sola. Le gustaba tocar luego de cortarse, su más arraigada adicción, lo hacía todas las noches, cada vez más profundo. Y cada día que pasaba, Madina contemplaba más y más la idea del suicidio. Un corte un poco más profundo, vertical en lugar de horizontal y se terminaría todo. Sin embargo, Madina era cobarde y, a pesar de no tener nada que perder, sentía que debía seguir luchando, que se lo debía a su padre. Tenía que hacer un esfuerzo por él y estaba dispuesta a hacerlo, hasta que llegó su noche de graduación.

Claro que Madina no iba a asistir al baile de graduación. No tenía con quién, ni tenía amigos, y sabía que sería solo un blanco de bromas nuevamente. Así que decidió quedarse en casa. Para su suerte, su madre había decidido salir a quién sabe donde, regalándole una noche de paz y tranquilidad. Madina estaba en la sala tocando la guitarra, lo hizo por horas, hasta que alguien tocó el timbre de su casa. Dejó la guitarra a un lado y miró la hora; las once de la noche. Miró por la mirilla y los vio. A los siete chicos que abusaban de ella diariamente.
- ¡Ábrenos, preciosa, queremos darte un regalo de graduación! -gritó uno de ellos, notablemente borracho. Madina ahogó un grito y puso todas las cerraduras, para luego huir directo a su habitación intentando hacerle oídos sordos a los gritos de aquellos chicos. De pronto, todo se volvió silencioso. Madina pensó ingenuamente que se habían ido, hasta que escuchó la puerta trasera abrirse. Temblando de pies a cabeza, abrazada a su peluche, escuchó como abrían con violencia cada una de las puertas de la casa hasta llegar a la de ella. No tuvieron piedad, no pararon ni siquiera cuando Madina empezó a sangrar, ni siquiera cuando se desmayó. Despertó una hora después; el lugar era un desastre y habían destrozado a su chanchito Gerard y a su vagina. Estaba bajo un increíble dolor y apenas le dio la energía para ponerse a arreglar a su amado peluche. Sus brazos volvieron a sangrar una vez más esa noche, y decidió que era suficiente. Esa sería la última noche de Madina Witwicky.

Esperó a recuperar fuerzas y que el dolor en su entrepierna se hiciera más leve para poder caminar. Tomó a Gerard como un bebé en brazos y comenzó a recorrer las calles de Brooklyn como un zombie, con la mirada perdida y bañada en sangre. Las personas se alejaban de ella, como si ella tuviera una enfermedad contagiosa. Llegó a un edificio cercano, el más alto que conocía, y subió uno a uno los escalones hasta la azotea, dejando un camino de sangre a su paso. No iba a tomar el ascensor, quería sufrir, se merecía sufrir. Y justo cuando estaba en la cornisa, cuando estaba a punto de saltar, un sobre voló a su lado. Lo observó por unos minutos sorprendida, especialmente al notar que tenía su nombre. Se bajó de la cornisa y tomó el sobre entre manos. "¿Quieres empezar de nuevo?" Claro que sí.


Tu llegada


Ese sobre acababa de salvarle la vida. Caminó de nuevo a su casa leyendo y releyendo la pequeña nota, ¿de qué se trataba eso? ¿Qué era ese tren? No tenía conocimiento de esa estación ni de un tren con ese nombre, y eso que ella solía tomar muchos trenes. Le gustaba subirse a uno y bajarse en la última parada, sin conocer el destino, poe el simple hecho de saber qué se sentiría huir a otro lugar lejos de lo que ella conocía. Había llegado a Queens, al Bronx, a Manhattan, a Long Island y a varios lugares más. En todos se había perdido pero se había sentido como en casa. Cualquier lugar se siente como un hogar cuando no tienes uno realmente. Nunca consideró las paredes de su casa un hogar, era un lugar llenos de malos recuerdos, repleto de drogas y con constante olor a cigarrillo y alcohol. Las ventanas siempre estaban cerradas para que el olor a marihuana permaneciera en la casa. por lo que en ocasiones Madina se veía afectada por el efecto de aquella droga sin siquiera quererlo.

Al volver a su casa. su madre aún no había llegado, lo cual fue un gran alivio para ella. Se curó las heridas y se cambió la ropa ensangrentada rápidamente, ya tenía práctica. Armó una pequeña maleta con lo básico: un poco de ropa, lápices y un cuaderno para dibujar, un par de libros y una foto de su padre. Esa foto siempre estaba en su mesita de luz, era la que le daba el corage y la fuerza para levantarse todos los días y afrontar el frío mundo en el que se encontraba. Todavía no entendía el por qué de su mala suerte, por qué la trataban mal a ella, por qué era ella una víctima de la crueldad del universo. No lo entendía, ¿qué había hecho mal? ¿A quién le había hecho mal? Ella se consideraba una buena persona. Pero analizando los tratos que recibía, no podía ser de esa manera. Algo tenía que haber hecho mal. Algo para molestarlos. Algo para provocar que la gente la odiara. Algo para que los demás se desquitaran con ella. Tal vez era el simple hecho de que ella era muy débil y no sabía defenderse.

Tomó la maleta improvisada y apuró el paso a la dirección que decía en el boleto, con Gerard bajo el brazo. No era lejos de su casa, por lo que podía ir perfectamente caminando. Al llegar, se encontró con una enorme edificación. Como si la estación Grand Central hubiese quedado abandonada. Y allí había un tren. Miró a su alrededor en busca de otras personas, pero ella parecía ser la única allí esa noche. Eso le pareció extraño pero fue liberador, le gustaba estar sola. Caminó hacia el tren y notó que no tenía conductor, supuso que se subiría más adelante cuando el tren estuviese a punto de arrancar. Fue hasta el tercer vagón, ya que el 3 era su número preferido, y se ubicó en un asiento. Enseguida el tren comenzó a andar y ella cayó en un profundo sueño, abrazada a Gerard.

Despertó cuando el tren se detuvo. Miró por la ventana y lo único que vio fue una ciudad desierta. Frunció el ceño y fue cuando encontró el segundo sobre. Aprovecharía su última chance, sin duda alguna.


Otros Datos:


  • Gustos:
    x. La música
    x. La naturaleza
    x. Los animales
    x. Las navajas
    x. El color rojo
    x. Que intenten defenderla
    x. Los peluches
    x. Dibujar
    x. Las películas de ciencia ficción
    x. Leer
    x. La filosofía

  • Disgustos:
    x. Temblar cada vez que la tocan
    x. Vivir
    x. Que la llamen 'loca'
    x. Hablar de su pasado
    x. Que le hagan tomar pastillas
    x. No poder cortarse
    x. Que se burlen de Gerard
    x. La gente mentirosa
    x. Los hipócritas
    x. Que intenten analizarla

  • Manías:
    x. Se muerde el labio inferior cuando algo le gusta o le avergüenza
    x. Juega con sus dedos cuando está nerviosa
    x. Se muerde las uñas cuando está inquieta o nerviosa

  • Otros:
    x. Lleva a su chanchito de peluche rosa, Gerard, a todas partes. No puede estar sin él.
    x. Es una gran fanática de la saga 'Transformers', principalmente porque comparte el apellido del protagonista.
    x. Es una excelente guitarrista, su padre le dio lecciones de pequeña y ella continuó aprendiendo por su cuenta.
    x. Sus bandas preferidas son Sex Pistols y The Distillers, heredó el amor al punk rock de su padre.
    x. Considera que la auto-mutilación es una adicción de la que jamás se va a librar.



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Madina J. Witwicky

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Fecha de inscripción : 30/11/2012

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